En París, los días del 9º Congreso Mundial contra la pena de muerte, la Comunidad de Sant’Egidio ha renovado su compromiso por la abolición de la pena capital, a través de la oración, el encuentro y el diálogo con asociaciones e instituciones de varios países.
El 29 de junio, en la iglesia de Saint-Merry, Sant’Egidio celebró una oración por los condenados a muerte. Participaron en el encuentro unas cien personas, junto a representantes de ACAT, ADPAN y otras organizaciones de la Coalición Mundial, reunidas en la capital francesa para celebrar el Congreso mundial que se inauguró el 30 de junio en Radio France.
En este contexto, la delegación de Sant’Egidio se reunió con varios representantes de asociaciones, ministros y delegaciones internacionales que libran la batalla abolicionista, y saludaron al presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron.
El 1 de julio, en el Ayuntamiento de París Centro, Sant’Egidio organizó una actividad paralela dedicada a las estrategias posibles para construir un mundo sin pena de muerte. El encuentro, que empezó con los saludos institucionales de la vicealcaldesa de París, fue moderado por Valérie Régnier, vicepresidenta de la Comunidad de Sant’Egidio, y contó con la aportación de Mario Marazziti, coordinador de la campaña contra la pena de muerte.
Centró el acto la idea de que la pena capital no es una respuesta a la violencia, sino que la multiplica. En su intervención, Marazziti recordó que la pena capital no garantiza la justicia, sino que expone siempre al peligro de un error irreversible: “La pena de muerte depende de la geografía, no de la justicia. Siempre. Y nunca está exenta de errores”. Por eso destacó que la única verdadera seguridad para los ciudadanos es una justicia que no mate.
Fue especialmente emotivo el testimonio de Antoinette Chahine, superviviente de una condena a muerte en el Líbano, junto a las intervenciones de una Joven por la Paz de Sant’Egidio y un delegado del movimiento juvenil indonesio Muhammadiyah.
La presencia de Sant’Egidio en París confirma un trabajo que impulsa desde hace años en muchos países: proponer moratorias, acompañar itinerarios de abolición, defender la dignidad de toda persona mediante relaciones epistolares estables y contrarrestar una cultura de la venganza que no cura las heridas, sino que abre nuevas heridas.
Intervención de Mario Marazziti









