Pena de muerte: por qué hay que abolirla

Por qué hay que abolir la pena de muerte

La pena capital no solo es una violación del derecho a la vida, sino que también es sinónimo de injusticias y discriminaciones. No tiene valor disuasorio alguno y su único valor es el de fomentar con la fuerza pública una cultura de la muerte.
Motivos humanos, jurídicos, religiosos, sociales y económicos llevan a considerar la pena de muerte una venganza inútil sin justicia.

Motivos para decir no a la pena de muerte

  • La pena de muerte rebaja al Estado y a la sociedad al nivel de quien asesina
  • No hay ninguna estadística en todo el mundo que demuestre que la pena capital actúa como medida disuasoria frente a los crímenes más graves
  • La pena capital afecta muy a menudo a inocentes que no pueden defenderse
  • No hay ningún sistema judicial en el mundo tan perfecto como para no cometer errores
  • Las minorías raciales, sociales, étnicas y religiosas reciben condenas a muerte de manera desproporcionada
  • No hay relación alguna entre el número de ejecuciones y el número de delitos
  • La pena capital nunca mejora el mundo sino que añade una muerte más a la muerte
  • Crea huérfanos y viudas y provoca un sufrimiento añadido entre los familiares del ejecutado
  • Crea en las familias de las víctimas la falsa ilusión de que vengándose del presunto culpable desaparecerán el dolor y el odio que sienten, pero eso nunca es así
  • Legitima al nivel más alto, el del Estado, una cultura de muerte y no de vida
  • Confirma el fracaso de la sociedad que renuncia a ver en toda persona, incluso en el culpable, a un ser humano
  • Es un modo de matar con tanta premeditación y cientificidad que no la hacen comparable ni siquiera al más demente de los asesinatos
  • En muchos países del mundo afecta incluso a los más frágiles: discapacitados mentales y menores
  • Siempre hay un método alternativo para garantizar la seguridad de todos
  • Nos hace a todos corresponsables de una muerte que se inflige también en nuestro nombre
  • En los regímenes democráticos tiene un coste mayor que la reclusión y gasta los recursos que se podrían utilizar para hacer más humano y útil el sistema judicial y carcelario
  • La vida es sagrada
  • Jamás, en ningún caso, podemos ser como el peor asesino
  • Hay una tortura que acompaña a la condena a muerte y que no se puede eliminar: los condenados a muerte mueren diez, cien o mil veces antes de ser ejecutados

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