
No se han atendido las peticiones para salvar a Curtis Windom, afroamericano de 59 años que fue ejecutado mediante inyección letal el jueves 28 de agosto.
Curtis había sido condenado a muerte en 1992 por el homicidio de Valerie, su ex pareja, de Mary, la madre de esta, y de Johnnie, un hombre con el que hacía negocios, durante un tiroteo en Winter Garden, en el área metropolitana de Orlando.
Curtisia, la hija de Curtis y de Valerie, había reanudado la relación con su padre hacía años. Junto a los familiares y a los amigos de las demás personas asesinadas, se había opuesto firmemente a la ejecución, y había mostrado su indignación por el hecho de que Florida hubiera denegado su petición de gracia, porque lo habían perdonado, lo amaban y no querían verle morir. Explicaron que habían celebrado por teléfono con él graduaciones y matrimonios a lo largo de los últimos años. “Llevamos a sus nietos a verle a la cárcel de Florida, creamos lazos a pesar de los cristales y de los barrotes de las celdas. Lo perdonamos. ¿Cómo le voy a decir a mi hijo ahora que han ejecutado a su abuelo?”.
En varios llamamientos públicos, con el sostén de organizaciones como Floridans against the death penalty, había pedido con insistencia que no le quitaran también a su padre, último lazo de cariño que le quedaba tras la terrible experiencia de mal y de muerte que la marcó en su infancia.
La ejecución de Curtis es la undécima que tiene lugar este año en Florida. Se trata de la ejecución número treinta en Estados Unidos en 2025. En los últimos diez años el número de ejecuciones ha aumentado enormemente.
A todos los que le han querido, a los que han mantenido la amistad con él durante los largos años de aislamiento en el corredor de la muerte, a los que se escriben con condenados a muerte y están a su lado los últimos años de su vida, a las 10.000 personas que han firmado la petición para salvar a Curtis, les decimos que no dejaremos de amar la vida, de dirigirnos al Dios de la vida, como dijo en su homilía Marco Gnavi en la oración de la tarde de la Comunidad de Sant’Egidio de Santa María de Trastevere, y de mirar a los corredores de la muerte para liberar a todos en nombre de Jesús, que vino a inaugurar el tiempo de la gracia.
En el Jubileo de la esperanza seguimos tendiendo nuestras manos a los condenados a muerte y mantenemos la esperanza en un futuro de justicia.