El 10 de octubre, Jornada mundial contra la pena de muerte, este año coincide con una grave inversión de tendencia respecto a años anteriores, porque vuelve a aumentar el número de ejecuciones, sobre todo en algunas zonas del mundo. En 2025 Amnistía Internacional contabilizó al menos 2.707 in en 17 países, un 78% más que el año anterior. En Estados Unidos, el único país de América que ha llevado a cabo ejecuciones, fueron 47, la cifra más elevada desde 2009.
Es una tendencia que se mantiene en 2026 y que en Estados Unidos ha vivido un episodio dramático en los últimos días. En Tennessee, el intento de ejecutar a Christa Pike, la única mujer del corredor de la muerte de aquel Estado, fracasó tras suministrarle pentobarbital dos veces. Pike fue trasladada al hospital y el gobernador ha suspendido las ejecuciones previstas para el resto del año y ha ordenado que se investiguen los hechos. En una reciente entrevista a Vatican News, Mario Marazziti, de la Comunidad de Sant’Egidio, habla de «quiebra de la más mínima humanidad que debe acompañar la actuación de cualquier Estado» y el fracaso de la ilusión de una pena capital indolora. Pero la cuestión, subraya Marazziti, va más allá de las modalidades de la ejecución: «la pena de muerte no tiene ninguna incidencia en la seguridad de las personas» y «debilita el pacto social según el cual el Estado debe defender la vida siempre y en todos los casos».
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🎙 VATICAN NEWS | ESCUCHA LA ENTREVISTA Mario Marazziti: «Es la quiebra de la humanidad» |
En un momento marcado por un nuevo aumento de las ejecuciones, el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz de 2026 a Navanethem “Navi” Pillay tiene un significado particular. Antigua Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y actualmente presidenta del International Commission against the Death Penalty, Pillay lucha desde hace tiempo para lograr la abolición de la pena capital. En su lucha recuerda el derecho a la vida, el peligro de errores judiciales irreversibles y la ausencia de pruebas sobre la eficacia de la pena de muerte como medida disuasoria. Es un reconocimiento que llega la vigilia del 10 de octubre y que es un motivo más para seguir con mayor determinación el camino hacia la abolición universal de la pena de muerte.
Cuando una carta se convierte en una amistad
Detrás de las ejecuciones y las cifras hay personas, rostros, relaciones. Esta idea lleva en 1995 a la Comunidad de Sant’Egidio a lanzar la propuesta de escribir a hombres y mujeres que están en el corredor de la muerte. Con el paso de los años unas 2000 personas han establecido correspondencia con detenidos en corredores de la muerte de Estados Unidos y de varios países africanos. En 2018 Federica Massoli vio en Facebook la siguiente invitación: «¿Quieres escribirte con un condenado a muerte?». Por otra parte está Bryan Frederick Jennings, que entró en el corredor de la muerte de Florida en 1979, cuando tenía veinte años. Lo que empezó como un intercambio epistolar se convirtió, al cabo de ocho años, en una amistad profunda que hoy se puede escuchar en un podcast de la Comunidad de Sant’Egidio.
Algunos años antes había recibido la misma propuesta Laura Bellotti. En 2012, con setenta años, Laura empezó a cartearse con James Duckett, que también estaba en el corredor de la muerte de Florida. «Empezó como una correspondencia y terminó siendo una gran amistad». Laura fue a verle tres veces a la cárcel. De esa relación surgió el libro La segunda carta. El 28 de julio de 2026 James Duckett fue ejecutado en Florida tras haber pasado 38 años en el corredor de la muerte. Su historia y la de Bryan muestran la dimensión más concreta de las cifras y las ejecuciones: detrás de cada condena hay una persona. Y una carta puede romper el aislamiento del corredor de la muerte, construir una amistad y afianzar la dignidad que nadie puede borrar.